Cáncer no es sinónimo de muerte

Cáncer no es sinónimo de muerte

Medio: Crónica 

Elba Cabrera Mercadillo une sus manos, palma con palma, y como en una ceremonia al Divino, se acerca las manos a la boca, como besando sus dedos índice y con voz suave confiesa “Sí, soy una sobreviviente del cáncer desde hace ya casi dos décadas”.

En 1998, Elba enfrentó cáncer de mama derecha, cuando tenía 37 años, una década después, el mal volvió a aparecer en su mama izquierda, y cuando pensó que había superado lo peor, siete años más tarde, le diagnostican cáncer de ovario.

Después de dolorosos tratamientos, 20 quimioterapias, 25 radioterapias, y cuatro cirugías, un estudio genético reveló la causa de sus males: dio positivo en una mutación de cáncer por antecedentes familiares, padecimiento que también heredó su hija.

Elba se autodefine como una mujer muy disciplinada y estricta en el cuidado de su  salud, eso sin duda, considera, contribuyó de manera importante para poder librar en tres ocasiones el cáncer.

En entrevista con Crónica, Elba Cabrera comparte: “la primera vez la noticia me sorprendió, pero actué muy rápido, sabía que no tenía tiempo que perder, y la mastectomía se dio casi de forma inmediata…

“Para la segunda vez, que vuelvo a enfrentar el cáncer, por mi formación espiritual y religiosa –hace una pausa, respira profundo, mientras sus ojos se llenan de lágrimas y escapan, la voz se le quiebra y revela:  le pregunté a Dios ¿Qué no había aprendido la primera vez, que tenía que volver a pasar por esta prueba tan difícil”.

LA BOLITA Y EL DOLOR. En 1998, auto explorándose Elba descubrió una bolita en su seno, sin hacerle demasiado caso con la confianza de que en aquellos años, eran los médicos quienes hacían las exploraciones, y no habían encontrado nada, hasta que un día el más pequeño de sus tres hijos en el centro comercial, se le aventó para que lo cargara y sintió un dolor tan intenso “que prácticamente me dobló”.

Los focos rojos se encendieron: se hizo mastografías, acudió a tres oncólogos diferentes,  el diagnóstico fue el mismo: adenocarcinoma ductal infiltrante en etapa 2, “y había que tomar decisiones  otra vez, sin mucho tiempo para pensarlo. No quería dejar pasar más tiempo y tampoco pretendí hacer como que no pasaba nada”.

El seguro de gastos médicos mayores de su esposo permitió afrontar los gastos del tratamiento, la operación de mastectomía radical y ocho quimioterapias.

UN CAMINO YA ANDADO. Diez años después, en el 2008, cuando tenía 47 años, nuevamente le diagnostican adenocarcinoma ductal infiltrante en mama izquierda, momento difícil, la prueba fue dura, pero no se dejó vencer, atenderse de cáncer de mama, era “un camino ya recorrido, ya sabía que tenía que hacer, a donde ir y a quién recurrir, y lo hice, con la misma firmeza y confianza que estaría bien como la primera vez”.

En esa ocasión, Elba no autorizó una masectomía y optó por una cuadrantectomía (Operación quirúrgica para extirpar el cáncer y un poco del tejido que lo rodea, pero no la mama en sí), acompañado de un tratamiento de seis quimioterapias y 25 radioterapias.

Hacia el 2015, cuando ya contaba con 54 años, luego de una serie de malestares, comienza a sentirse inflamada del estómago y nuevamente el diagnostico arroja: adenocarcinoma endometrioide de ovario izquierdo, grado 3, “en ese momento ya no me cuestioné nada, lo que quería era actuar muy rápido e inicié los estudios”. En esa ocasión recibió otras seis quimioterapias.

NACIÓ CON EL ENEMIGO EN SU CUERPO. El enemigo a vencer está con Elba desde que nació, cuenta, porque ya tenía la mutación en el gen BRCA1 “y que prácticamente era cuestión de tiempo y que en interacción con factores ambientales, para que pudiera detonarse, pero eso no lo sabía en aquel entonces, explica.

Cabe mencionar que diversas mutaciones del gen BRCA1 están implicadas en algunos tipos de cáncer, especialmente de cáncer de mama, ya que estos genes en forma natural se encargan de evitar la formación de tumores, pero si no funcionan de manera adecuada, pueden favorecer la aparición de los mismos.

PARA VIVIR, LA DISCIPLINA ES LA REGLA. Después de todo este proceso, Elba decide someterse a un estudio genómico de 30 genes en el 2016, y encontraron una mutación de cáncer en antecedentes familiares, por parte de su papá un abuelo tuvo cáncer de piel (melanoma) y su mamá, cáncer de páncreas.

Una vez identificados estos casos de cáncer se procedió a ver quienes tenían la mutación, su hija se hizo el estudio, ella sí heredó la mutación.

-¿Entonces existe el riesgo que su hija desarrolle cáncer?

-Sí, la posibilidad existe, ella dio positivo en la prueba,  señala, mientras vuelve a contener la respiración, sus ojos se vuelven a llenar de lágrimas

“La ventaja en todo esto, es que ella ha tomado las medidas preventivas lleva una vida saludable y ha eliminado los factores de riesgo, para tratar de minimizar en la medida de lo posible lo más que se pueda este riesgo, y no tener que pasar por todo el dolor y el sufrimiento que yo viví.

QUE LAS MUJERES SE TOQUEN. Elba, amante de la vida y no sólo de la propia, sino de la de su hija, y su hermana y sus sobrinas, y todas aquellas mujeres a las que encuentre su camino, dice, les pide que se toquen, que se chequen.

Es peor pasar por un cáncer y luchar con todo para vencerlo, que vivir con ese miedo que te paraliza y no deja hacer exploraciones o estudios a tiempo, porque “y qué tal que sí lo tengo”.

Elba Cabrera, entusiasta, dice que ocupa la coordinación de Actividades y Proyectos de la Fundación Vida en Genoma, “y desde aquí ayudamos a todas las mujeres con cáncer de mama, sobre todo el de tipo hereditario que nos necesiten. Hoy el cáncer, ya no es sinónimo de muerte, el avance de la ciencia, permite hacer estos estudios genómicos, que con un buen diagnóstico y chequeos adecuados permiten una intervención oportuna.

-¿Doña Elba, entonces, ahorita, su organismo ya está libre de cáncer, ya está todo en orden?

-Desgraciadamente cuando te quitan los ovarios, trompas de falopio y después de haber tenido un cáncer y yo tuve tres, siempre existe el riesgo de que pudieran quedar algunas células a pesar del tratamiento de quimioterapia. Entonces, yo sigo adelante, con mis chequeos, me hacen mis mastografías y permanezco en constante supervisión médica.

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